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Manejando el duelo de la partida de nuestra mascota: Mi tributo a Gigi

Hoy por fín tuve el valor suficiente para terminar de escribir este post, admito que no lo escribí de una sola sentada.

¿Por qué este es tan difícil para mí? Porque este en particular es mi tributo a Gigi.

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Hoy por fín tuve el valor suficiente para terminar de escribir este post, admito que no lo escribí de una sola sentada.
¿Por qué este es tan difícil para mí? Porque este en particular es mi tributo a Gigi.

Gigi cruzó el arcoíris hace ya un año. Todavía hay días que pienso en ella y lloro como si fue ayer.

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Durante 3 meses luchamos con una enfermedad a la que es propensa la raza Cocker Spaniel, y aunque como veterinaria siempre supe su prognosis, mantuve la esperanza de controlar la enfermedad hasta el final. Gracias mil al equipo de colegas que me acompañó en el proceso, que fueron lo más sinceros que pudieron conmigo.

1. Tomate tu tiempo para llorar

Es importante permitirte el tiempo necesario para asimilar lo que pasó, y dejar salir todos esos sentimientos.
Personalmente yo no lo hice, al otro día fui trabajar porque “tenia muchas cosas pendientes”. Viendo al pasado sé que fue mi excusa para reprimir todo lo que sentía y es la razón principal por la que aún lloro cuando la recuerdo. 

2. Acepta los sentimientos de culpa.

Todos recordamos y analizamos una y otra vez todas las decisiones que tomamos, pensando que debimos haber hecho algo diferente. La realidad es que estos pensamientos no ayudan. Debes aceptar que todo lo que se hizo fue lo que entendías que era mejor en su momento y no culparte por el desenlace final. 

3. Conversa con personas que te entiendan.

Personas que no han tenido mascotas, o no las consideran familia, no serán lo suficientemente empáticos para entender lo que estas sintiendo, por lo que debes tener paciencia ante algún comentario inapropiado. Desahógate con quien quiera sus mascotas como tú y haya pasado por esta situación.
Por mi profesión, tuve suerte de siempre estar rodeada de personas que me brindaron apoyo, haciendo comentarios positivos y brindándome una mano amiga en lo que sea que necesitara. 

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4. Prepara una ceremonia de despedida

Ese espacio debe ser cómodo para que puedas decir algunas palabras, llevar algún juguete favorito de tu mascota, alguna foto y dedicar un momento privado a recordar todos los momentos hermosos que vivieron juntos. 
Una parte importante del duelo es decir adiós y aceptar la pérdida. Con el tiempo te irás ajustando a este nuevo vivir, un día a la vez. 

5. Espera un tiempo prudente antes de adoptar una nueva mascota. 

Aunque tu casa se sienta vacía y en silencio, es importarte trabajar en tu duelo antes de hacerte cargo de otro ser.
Evita adoptar una mascota que se parezca a la anterior. Todas las mascotas tienen personalidades diferentes y no es justo comparar tu nueva mascota con aquella que ya no está. 

Al final, sólo el tiempo nos ayuda a sanar las heridas y no puedo decir que es fácil.

Sí puedo decir que nunca se olvida, y por eso estoy aquí, recordando una vez más a Gigi y haciendo de este post, mi gran tributo para ella.

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Una decisión difícil

Nada es para siempre. Esta es una frase que suena lógica, pero que mi naturaleza sentimentalista se niega a veces a aceptar. 

 
Nada es para siempre. Esta es una frase que suena lógica, pero que mi naturaleza sentimentalista se niega a veces a aceptar. Desde que elegí esta profesión he tenido que aceptar el lado malo que trae consigo: enfermedades y accidentes que nos ganan la batalla y nos rompen el corazón. Este sentimiento es un millón de veces peor cuando el paciente es parte de tu familia.


Pinky, una diminuta chihuahua negra que llegó a mi vida cuando tenía 9 años, fue mi compañera durante mis años de colegio y presente en buena parte de mi formación como Veterinaria. Estuvo durante muchos momentos importantes de mi vida y me gusta pensar que fui parte de casi todos los grandes momentos de ella. 


Esta pequeñita fue la perrita más saludable que paso por mi casa, nuuuunca se enfermaba, siempre energética y juguetona. Pero el tiempo no perdona, para cuando cumplió 15 años ya no era la de antes, estaba lenta y encorvada, dormía mucho y comía menos que antes. 


Un día empezó a ladrar (no recuerdo a qué o por qué) y de repente cayó al piso de lado, empezó a temblar, de su boca salía una espuma blanca y sus cuatro patas se movían descontroladamente, estaba totalmente inconsciente. Yo, que en ese tiempo estaba todavía en materias básicas de Veterinaria, entré en pánico y arranqué a llorar, con la perra en brazos y sin saber qué hacer por los 30 segundos que duró el episodio.


Ese mismo día empecé a buscar y leer todo lo que pude acerca de esos síntomas y, para la segunda vez que ocurrió, ya tenía una idea de lo que era. Envolví mi perrita con una manta y la presioné contra mi cuerpo mientras pasaba su trance. 


En esa época en este país la medicina veterinaria era cruda y básica. Los análisis de sangre eran costosos y los médicos casi ni los ofrecían. Era muy raro que una clínica estuviera modernamente equipada y que los resultados se obtuvieran en 10 minutos, como hoy. Lo único que logre fue consultar con otros médicos, que me confirmaron que tenía una chihuahuita de 15 años con epilepsia. ☹ 


La recomendación generalizada, dado el cuadro clínico y su edad, era ponerla a dormir y que no sufriera más, pero yo me negaba.


Por un tiempo me dediqué a ella, la cuidaba y medicaba diariamente, pero los ataques seguían llegando. Ella era cada vez más débil y mayorcita, verla como sufría cada ataque era lo más doloroso que podía presenciar. Hasta que un día no aguanté y tuve que tomar la decisión más difícil para un dueño de mascota, dejar ir sin querer un ser que amas. Parar su sufrimiento a pesar de tus sentimientos es la prueba de amor más grande que puede existir. 


Nada te prepara para dejar ir a alguien que fue parte de 15 años de tu vida, alguien que te dio cariño incondicionalmente, que me acompañó en mi cama todas las noches, que me vio llorar por mil razones diferentes y siempre me consolaba. 


En mi vida profesional he tenido que dar este diagnóstico, decisión, recomendación, o como le quieran llamar muchísimas veces, y siempre es dificilísimo. Te identificas con el animal, con su dueño, te pones en su lugar y siempre duele. 


En la vida hay que entender que a veces, se necesita más fuerza para soltar que para retener…

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